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CERRO DE LOS MACHOS. CARA ESTE E-Mail
EsteMachos (4).JPG El puente del 1 de Mayo pasado, aprovechando el buen año de nieves, Kiko me propuso hacer la norte del Mulhacén para despedir la temporada. Salimos la tarde anterior con idea de dormir en La Caldera, pero el hombre propone y… la montaña dispone, pues la niebla y una correa de la mochila de Kiko rota que le hacía muy penosa la progresión nos hicieron refugiarnos en el vivac de la Carrihuela, al que había que acceder por la portilla de arriba porque la nieve casi lo tapaba. Era una pena desperdiciar la ocasión porque la nieve estaba ideal en cantidad y calidad, afortunadamente Kiko estuvo al quite y reaccionó haciéndome una proposición casi deshonesta, una oferta de esas que no puedes rechazar: -¿Por qué no hacemos la Este de los Machos?- Ninguno de los dos la había hecho nunca ni teníamos referencias, pero recordábamos la breve reseña del libro Sierra Nevada Inédita y acordamos tantearla al día siguiente y entrarle si se dejaba. Derretimos varias toneladas de nieve, cenamos como dios manda y, tempranico, a dormir… bueeeno dormir a trompicones, o sea, dar más vueltas que un trompo en el saco; el caso es que a las tres de la mañana (en realidad la montaña es un pretexto para practicar el masoquismo) derretimos más nieve, ingerimos un potente desayuno, preparamos el escaso material y con mi proverbial rapidez, a las cinco estábamos aproximando a la luz de mi frontal (la de Kiko era más apropiada para una cena íntima). EsteMachos (17).JPGEscondemos su mochila y la impedimenta de vivac,  después pasamos sin problemas por el Paso de los Machos, y cuando llegamos al collado del Lobo clareaba algo, suficiente para ver la vía: la travesía se veía bien cargada, la nieve estaba apretaíca y los crampones mordían como un Doberman. Bajamos hasta el corral del Valdeinfierno procurando no perder demasiada altura y, en vez de ir en diagonal que sería lo ideal, subimos recto hasta la rimaya superior para comprobar las condiciones. La nieve estaba que ni por encargo y ya empezaba a amanecer, así es que nos decidimos y atacamos la travesía en horizontal, pero sacamos la cuerda por un prudente respeto al patio, pues un resbalón te manda directo a Cueva Secreta. EsteMachos (21).JPGAllí nos damos cuenta de que, puesto que nuestra idea era hacer la Norte del Mulhacén, sólo habíamos echado un por si acaso, o sea la cuerda de randonée, 8 mm y 30 metros, pero psicológicamente era eficaz y con una reunión de fortuna en medio de la travesía, hizo el apaño. Al llegar al espolón SE nos enriscamos porque habíamos subido mucho; destrepo un poco buscando el paso hacia el canuto por un mixto descompuesto, donde vienen de perlas los fisureros por si acaso que llevaba en el arnés, aunque quien más lo agradece es Kiko que se chupa de segundo el delicado destrepe, a pesar de que logré montar una reunión decente con un par de clavos y un tornillo. El canuto se presenta con un par de resaltes de hielo que, gracias a que es temprano, se dejan superar y asegurar muy bien, aunque el por si acaso para la Norte del Mulhacén aquí se muestra insuficiente para asegurar el largo y montar reunión arriba. EsteMachos (25).JPGAfortunadamente llevo mi baga mágica de 2’40 y entre un gendarme y un puente de hielo apaño la reunión intermedia hasta que Kiko sube, le tira al siguiente largo y monta una reunión fetén en un resalte de roca vertical, que luego trampeamos por la derecha para subirnos a una repisa donde ya aflojan las dificultades; pero no terminan, porque casi al final nos toca un largo con un fina capa de nieve suelta venteada, que oculta un hielo de ese azulado y duro que nos pone los gemelos agustico a pesar de no pasar de los 50º; pero ya huele a cumbre y los últimos metros los hacemos andando por roca, pues el fuerte viento de días anteriores ha barrido la nieve. Nos sentimos felices,  y tanto que mi amigo Juan Antonio, hombre sobrio y poco dado a efusividades, canta a grito pelado una canción del Último de la Fila y me contagia ¡qué bonicos teníamos que estar allí los dos desgañitándonos, a quien se le diga, hombre! (espero que Kiko no se mosquee conmigo por airear nuestras intimidades).

EsteMachos (35).JPGMientras nos hidratamos, recogemos el material y hacemos las fotos de rigor en el hito de la cumbre, pienso en Mi Fran y su soñada cumbre del Cervino por la Arista Lyon: recuerdo la frase, digna de figurar en los anales del aforismo,  con que me dedicó su artículo en una prestigiosa revista científica, cuando los médicos me dijeron que probablemente nunca podría volver a la montaña; siento que su emoción es la mía y en silencio se la dedico; para mí, la Este de los Machos es la Magic Line y la cumbre de los Machos es la cima del mundo. Pero basta de sentimentalismos porque por el suroeste amenaza marrón, de modo que bajamos relamiéndonos con la idea de una buena cerveza, pero ¡Ay! de nuevo el hombre propone y la montaña… descompone; la niebla se va cerrando y desaparece la escasa huella que dejaron en la nieve helada las simples puntas de nuestros crampones aquella madrugada: total, que después de casi dos horas de ir y venir, y ya casi al borde de la derrota física y sicológica, me pareció ver el puño de un bastón asomando donde debería de estar y donde ya habíamos mirado varias veces, pero entre la niebla y el mosqueo lo confundimos con una piedra. Desenterrando aquello me sentía como un presidiario picando piedra, parecía que en vez de un piolet estuviera manejando una espiocha.

EsteMachos (38).JPGEso sí, una vez relajados con la cerveza en la mano, ese no tan pequeño contratiempo no consiguió empañar una jornada inolvidable.
 
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