Tour Ronde. Cara norte E-Mail

Ascensión de la cara norte de la Tour Ronde. Vía clasica del macizo del Mont Blanc.

 

TOUR RONDE 3.800 m.   

 

 000 TourRonde desde A.Cosmicos

Ascenso: Cara Norte Clásica. II D., 350 m. Alexis Berthod y Francesco Gonella (1886) 

Descenso:Via Normal. II AD. Varios (1867)

 

 

21 y 22 de julio de 2008. Ana, Pelis, Migue, Kiko y Josemi.  Album fotos 

 

Relato...

 

El origen. 

 

Para mí, la norte de La Tour Ronde empezó varios años antes de la ascensión.  Fue en mi primer viaje a Alpes, en el camping La Mer de Glace, donde escuché el relato de unos conocidos que volvían de hacer “la turrón”. Yo no tenía la más remota idea de como era esa montaña de nombre tan “navideño”, pero no tardé en encontrarme con  ella en libros y revistas.  El deseo de subirla nació de inmediato, aunque sólo de un modo platónico. Esa bella cara norte era, como se suele decir, “mucho arroz para tan poco pollo”.  Fue con el tiempo cuando, casi sin querer, se fue poniendo a tiro.

 

 

Pocos meses antes del viaje, estábamos los amigos escalando tranquilamente en Alfacar, charlando y haciendo planes para el verano.  Sin venir a cuento, Kiko me preguntó, casi tímidamente, que cuantos tornillos de hielo tenía.  En seguida supe lo que estaba pensando. Él también estaba “pillado” por la helada norte de La Tour Ronde y su pregunta equivalía a una proposición “honesta” de ir a por ella.

 

 

El refugio Torino 

 

Salimos de Chamonix al medio día para, tras cruzar el túnel del Mont Blanc, coger el teleférico que desde La Palud (Courmayeur) sube hacia el refugio Torino.  Nos costó encontrar el lugar y casi perdemos la última cabina.  Tras el susto, cargados de ropa de abrigo, material técnico y comida, pudimos disfrutar de las vistas del lado italiano del macizo, mucho más tranquilo que el francés.

 

Cuando tras un trasbordo, el teleférico llegó a la estación de destino, un letrero en una puerta indicaba la salida hacia el refugio.  Al abrirla, no nos encontramos con un sendero como esperábamos, sino con unas empinadas e interminables escaleras que dentro de un pasillo cerrado, conectaban en línea recta la estación del teleférico con el refugio.  Este maquiavélico túnel, suponemos que para evitar que un tropezón terminara en una caída hasta abajo del todo, cada quince metros, más o menos, estaba cruzado por una barrera parecida a un burladero.

 

El Torino, es un refugio muy especial por su situación y accesibilidad, y claro, no es  precisamente barato.  Habíamos cargado con bastante comida para pagar sólo por el alojamiento, pero en la recepción nos dijeron que eso no era posible.  Para colmo, Ana y yo, los únicos con tarjeta federativa europea, con las prisas, las habíamos olvidado en el coche. Entre los cinco solo reuníamos una federativa andaluza en vigor y otra de la temporada pasada. Por suerte, junto con las explicaciones de Ana en perfecto “itañol”, valieron para que nos permitieran pagar las cinco pensiones completas a precio de federados europeos.  Pelis nunca deja de recordarnos jocosamente lo agradecidos que debemos estar a su federativa caducada. 

 

La previsión meteorológica para el día siguiente era excelente y solo nos quedaba pasar el resto de la tarde de manera relajada. Las vistas de las Aiguille Blanc y Noire de Peteury eran increíbles.

 

 

 

La aproximación. 

 

Tras el desayuno salimos del refugio, todavía de noche como es de rigor, encontrándonos con una espesa niebla que nos impedía la orientación.  Seguimos la huella sobre la nieve que se adentraba en el Vallée Blanche, más blanco que nunca, pero no podíamos saber en que momento debíamos desviarnos a la izquierda para aproximarnos a nuestra cara norte.  Consultamos el mapa, retrocedimos sobre nuestros pasos, volvimos a avanzar, pasaba el tiempo y no había rastro de la Tour Ronde.  ¿Perderíamos la oportunidad de subir?

 

Pero la niebla empezó a levantarse.  Primero vimos durante unos instantes la Aiguille du Midi, luego desapareció durante un minuto hasta que el telón de nubes se levantó definitivamente.  El cielo estaba raso y las vistas era alucinantes: Aiguille du Midi, Tacul, Grand Capucin, Dent du Géant ...  La Tour Ronde no estaba lejos, tan solo nos habíamos pasado el desvío unos cientos de metros.  Nos acercamos a toda prisa y vimos que ya había varias cordadas en su pendiente.  Íbamos tarde, pero no pudimos evitar parar y boquiabiertos hacerle fotos.  Su aspecto era impresionante.

 

 

 

La ascensión 

 

Hicimos dos cordadas: Migue, Ana y Pelis por un lado, Kiko y yo por otro. Llevábamos cuerdas dobles, pero la cordada de tres, con buen criterio, decidió usar sólo una.  La otra la paseó Pelis durante todo el día, apenas sin quejarse.  Kiko y yo nos arrepentimos más tarde de no hacer lo mismo, fuimos los únicos de la montaña que iban en doble.

 

Comencé superando la rimaya, y subí por la pendiente poniendo un tornillo cada ocho metros más o menos.  Los primeros seis o siete centímetros de hielo no eran muy consistentes, permitiendo progresar cómodamente, pero para poner los tornillos de manera segura había que limpiar hasta encontrar el hielo “vivo”.  Cuando gasté los sesenta metros de cuerda, dudé si hacer reunión o ir en ensamble, pero Kiko me gritó que siguiera subiendo.  Los tornillos iban escaseando y decidimos que las dos cordadas los compartieran.  Migue me alcanzó y fuimos en paralelo pasando las cuerdas de ambos por cada tornillo. Subíamos un poco hacia la izquierda, para evitar los trozos de hielo que desprendían las otras cordadas y para colocar protecciones en unas rocas de arriba.  Al final conseguimos montar reunión en una gran roca a la izquierda del inicio del estrechamiento que une los neveros superior e inferior.  Asegurando de cara al valle, las vistas eran estupendas y podíamos ver a nuestros compañeros mientras hacían una pequeña travesía a la derecha para reunirse con nosotros.

 

Kiko y Pelis comenzaron el siguiente largo.   Esta parte era más empinada, pero al ser un cuello de botella, el hielo estaba más “trillado”.  Kiko montó reunión en unas rocas dentro del corredor, y yo hice otro largo hasta la barrera rocosa que cierra el paso al final del estrechamiento.  Pelis, que iba delante, tomó un camino hacia la izquierda pero al poco me gritó que mejor tomara el camino de la derecha.  Kiko llegó a la reunión, y a pesar de que intenté colocar las cuerdas dobles de manera ordenada tuvimos un buen lío que nos hizo perder mucho tiempo.  Cuando por fin desenredamos las cuerdas salí hacia la derecha por un pasito mixto delicado. La nieve que permitía superar las rocas estaba casi hueca y apenas conseguía soportar nuestro peso. ¿Cómo sería el camino de la izquierda?  Tras el paso continué hasta agotar la cuerda y monté reunión en unas rocas.

 

Ya estábamos en el nevero superior. Kiko me alcanzó y prosiguió en cabeza.  Acortamos la cuerda y seguimos en ensamble durante muchos metros.  Nuestra cordada hermana nos sacó ventaja con el lío de cuerdas, pero ahora eran ellos los que perdían tiempo desatándose y volviéndose a atar para que Ana cogiera la cabeza.

 

Llegamos todos juntos a la arista de nieve que separa la cara norte y el corredor Gervasutti que asciende por la cara oeste.  Estábamos debajo de la cima, una torre de roca que normalmente se rodea por la izquierda hasta la fácil cara sur.  Primero destrepamos por una zona de roca descompuesta hasta una repisa de nieve que se transformaba en un corredor fácil. Ya solo quedaba una trepadilla de roca. Íbamos mal de tiempo y llegamos a pensar en bajar sin hacer cima, pero recapacitamos y al poco tiempo todos estábamos haciéndonos fotos junto a la imagen de la virgen y dejando nuestros nombres y el del club Treparriscos en la libreta de la cima.

 

 

 

Bajada y regreso 

 

 

Empezamos a bajar por la nevada arista sureste, y sin problemas encontramos la huella de la ruta normal.  La bajada no fue tan simple como las que solemos tener en Sierra Nevada.  Había instalados varios cordinos que usamos para asegurar algunos destrepes, y en general nos íbamos asegurando con el piolet los unos a los otros.  Recuerdo como nos pasó a toda velocidad un grupo de “máquinas” bajando de cara al valle a grandes zancadas. 

 

Una vez abajo hicimos una parada para descansar algo y emprendimos una carrera contra reloj para no perder el teleférico de bajada a Courmayer.  Para colmo tuvimos un despiste en la ruta que nos hizo perder tiempo y fuerzas.  En el refugio nos quitamos las cuerdas y nos lanzamos a toda velocidad escaleras abajo hasta el teleférico. Llegamos “sobraos”, pues cogimos la penúltima cabina, y al poco tiempo estábamos tirados en la explanada del parking, sonrientes, quitándonos los arneses, la ropa de alta montaña y repartiendo el material. Sólo nos quedaba deshacer en la berlingo el camino hasta nuestro palacio-camping “Les Molliases”, donde María José y Angu nos esperaban con el frigorífico de la caravana lleno de cervezas, y todos juntos completar la parte más gratificante de la Tour Ronde. 

 

José Miguel Martín Velasco.

 

 
< Anterior   Siguiente >
clubtreparriscos©2007-2016. E-mail: info@clubtreparriscos.org
En cumplimiento de la Ley 15/1999 LOPD, Ley Protección de Datos de Caracter Personal, el C.A.L. Treparriscos actualmente tiene inscritos todos sus ficheros que contienen datos de caracter personal en el Registro General de la Agencia Española de Protección de Datos.