La Ruta del Quijote E-Mail
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La Ruta del Quijote
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Un Lugar para recordar, un lugar para olvidar.

“Un lugar para recordar la obra por excelencia de la literatura española y apreciar una región olvidada que esconde rincones irrepetibles, cultura propia, gastronomía exquisita y una idiosincrasia desconocida. Un lugar también para olvidar el ajetreo de la vida diaria y los sinsabores del día a día mientras se pedalea por las extensas llanuras divisando horizontes, en el refugio que supone la soledad de uno mismo.“

Total de la ruta: 340 km.

 

Día 1. 85 Km. De Daimiel a Campo de Criptana.

9.45 h. Daimiel: se llega al pueblo de Daimiel por la N-IV, desvío hacia las Tablas de Daimiel y por la N-430 (Autovía del Vino… que bien suena no?). El pueblo es tranquilo, destaca su iglesia y su parque en el centro del pueblo. Voy dirección a las Tablas de Daimiel y me encuentro que hay habilitado un parking (en realidad es una calle) para la Ruta del Quijote. Allí empieza mi ruta. En seguida se toma un carril rural asfaltado hasta el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.

10.30. Parque Nacional de las Tablas de Daimiel: El carril asfaltado es una delicia, me encuentro de repente en un paisaje nuevo para mí. Suaves elevaciones, campos inmensos de trigo verdes, viñedos a un lado y a otro, el fresco de la mañana y la ilusión del camino me empujan a pedalear. Me sorprendo sonriendo. La Ruta del Quijote está señalizada por unos palos verdes que a veces indican la dirección, kilometraje y altura hacia donde se va y otras no. Tengo que avisar que es muy fácil perderse porque la ruta no es circular ni lineal, se va ramificando continuamente por lo que no es recomendable ir sin mapas y sin una ruta prefijada. Yo voy a hacer mi ruta según mi bibliografía y me iré encontrando en algunos tramos con zonas señalizadas, y otras veces tendré que ir por carreteras y caminos sin señalizar. Así sin más llego a uno de los humedales mas importantes de España, originado por el desbordamiento de los ríos Ciguela y Guadiana. Allí podemos encontrar una gran diversidad de aves, en su mayoría ánades mientras realizamos alguna de las 3 rutas marcadas. Es recomendable hacer la ruta amarilla de la Isla del Pan y atravesar los humedales por las múltiples pasarelas de madera. Dejo la bici aparcada y me dirijo a la oficina de información. Luego voy a darme un paseo tranquilo mientras saco fotos de las aves y tomo el sol. Allí estoy casi una hora deleitándome con el canto de las aves y el fresco de la mañana.

Parque Nacional de las Tablas de Daimiel

13.00. Villarrubia de los Ojos: Un poco antes de llegar al Parque Nacional, sale a la derecha una pista señalizada como “Camino Alternativo a Villarrubia-Daimiel” . Pronto se convierte en una senda asfaltada, que discurre entre campos verdes de trigo y viñedos, todo llano, con alguna suave colina, 17ºC, aire fresco, sol, silencio y soledad. Voy paladeando el camino, es exquisito, sensaciones nuevas encima de mi inseparable compañera. Sigo hasta parar en un campo de violetas a leer el primer capítulo del Quijote (donde empieza la aventura), tomar el sol y comer algo. Más tarde llego a Villarrubia, aprovecho para comprar pan y darme una vuelta por el pueblo que es muy tranquilo, cercano ya a los Montes de Toledo, una pequeña plaza y apenas gente.

13.45. Puerto Lápice: Justo a la salida de la carretera de Villarrubia sale un carril de tierra a la izquierda que transcurre paralelo a la carretera. Este carril está un poco pesado para la bici ya que transcurre entre olivares, pero aquí los olivares están plantados entre piedras del tamaño de un puño y estas están por todo el camino. Según el mapa este camino sale muy cerca de Puerto Lápice pero debo de coger algún desvío mal y salgo a Las Labores, un pequeñísimo pueblo, de esos que te hacen ver a cuanta distancia, en el plano material, estamos acostumbrados a vivir en relación a ellos… pero quizá allí, ellos, en la tranquilidad de las llanuras, lejos del ruido y la competencia diaria, ignorando lo que supone objetivos de trabajo, notas de exámenes, horarios estrictos, sean más felices, en el plano personal, con lo que tienen. Con estos pensamientos sigo por la carretera y al poco llego a Puerto Lápice, un pueblo de casas muy pequeñas y de una sola planta, bastante conocido por su cercanía a la N-IV y por que en este pueblo, Don Quijote se hizo armar caballero en la actual “Venta del Quijote” que visito para ver su “patio de armas”. Luego en la puerta hay una pequeña ermita muy bonita, paro en el pequeño parque que tiene y allí como, leo el capítulo que ocurre en Puerto Lápice y descanso. Después de consultar los mapas decido seguir.

15.45. Herencia: Salgo de Puerto Lápice por la carretera que va hacia Herencia y al poco me encuentro que la antigua carretera sigue asfaltada y va paralela a ésta. Voy sin tener que estar pendiente del tráfico y disfruto del pedaleo después de comer tranquilamente. Herencia, como casi todos los pueblos de esta zona, es muy pequeño, con una plaza recién remodelada donde sólo veo a unos cuantos niños que salen del colegio. Como no hay más que ver decido continuar.

16.30. Alcázar de San Juan: Ahora sin ningún camino alternativo me toca carretera N-420. Alcázar es un centro neurálgico, con estación de tren, polígonos industriales y una factoría de carburantes de CHL con lo que la carretera va llena de camiones constantemente, el sol empieza a pegar y la cuesta empieza a mirar arriba aunque suavemente. Sufro un poco con las alforjas y el aire de los camiones por aquellas inmensas rectas. Al fin llego al pueblo, descanso en el gran parque que tiene y decido que hacer esa noche, al final decido probar suerte y vivaquear en algún campo. Doy una vuelta por el pueblo y buscando la estación de RENFE me pierdo 2 ó 3 veces. Al final doy con ella y tengo que atravesarla por el subsuelo con la bici a cuestas para salir al camino que quería, los trabajadores de allí me miran extrañados. Saliendo de la estación se llega a la N-420 dirección Campo de Criptana y al poco sale un camino de tierra delicioso a la izquierda que sube poco a poco. Allí en lo alto de un páramo descubro un campo de pinos y decido refugiarme en el para pasar la noche. Cuando estoy descansando me doy cuenta… ¡¡¡no tengo cerveza!!! Después de sopesarlo veo con claridad que no voy a poder dormir si no me tomo una rubia fresquita así que vuelvo a bajar al pueblo, compro las dichosas cervezas y vuelta a subir (8km más. Estos no están incluidos en el kilometraje). Por fin, ya si llego arriba, cae la tarde, subo a una pequeña colina a ver el atardecer, el silencio se apodera del lugar y los caminos de tierra se vuelven color vino, ceno algo viendo la puesta de sol con esa cerveza tan rica. Pongo mi saco, funda de vivac y me duermo viendo las estrellas en los campos manchegos.

Vivac

 



 
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