La Ruta del Quijote E-Mail
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La Ruta del Quijote
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Día 2. 87 Km. De Campo de Criptana a Argamasilla de Alba.

11.30. Campo de Criptana: Por la noche me cae una escarcha de las buenas, mi funda de vivac no transpira mucho la humedad y aparezco medio mojado y con bastante frío así que decido que hasta que el sol no caliente de allí no me muevo. Al final salgo por el mismo camino que dejé ayer. Es espectacular, no tiene otro calificativo. La tranquilidad de la mañana entre campos verdes de trigo y viñedos, la bici deslizándose tranquilamente por los caminos de tierra, sin ruido, sin prisas y sin esfuerzo, y con una colina con 8 antiguos molinos en el horizonte, todo verde. Llego a Campo de Criptana, el pueblo es muy bonito, todo blanco, en cuesta, y con muchos molinos antiguos dentro de él. Paro a desayunar en la plaza del pueblo un colacao caliente y unas tostadas que me saben a gloria. Pregunto algunas dudas sobre la ruta y subo a la parte alta del pueblo donde esta el páramo más famoso de molinos de viento de España, donde Don Quijote los confunde con gigantes y se pega un buen golpe. A mitad de camino paro una “flagoneta” llena de “malacatones” y le pido 1 plátano y 2 manzanas, el pobre hombre me mira y me dice que como quiere que me cobre eso. Al final me pide 50 céntimos, yo le doy 90 y el tío va y me echa 2 plátanos y 4 manzanas… sigo la cuesta y me doy cuenta que la fruta también pesa. Arriba la vista es magnífica, los molinos de cerca son impresionantes, todo está muy bien cuidado y las vistas de 360º son preciosas. Hago unas fotos y pregunto por algún camino para el Toboso, me dicen que tiene que ser carretera.

 

 

13.00. El Toboso: Salgo dirección Pedro Muñoz por la N-420 y al poco está el desvío hacia el Toboso, hay que ir pendiente de las señales de Ruta del Quijote porque al poco de entrar en la comarcal sale un camino de tierra de 16 Km. al Toboso, totalmente señalizado a la derecha. Otra vez vuelvo a la tranquilidad de los viñedos, aunque ahora el paisaje va cambiando, ya estoy en Toledo y aquí, más al norte, el clima es mas duro, los páramos se hacen mas agrestes, llenos de Majanos (agrupamientos de piedras que quitaban los agricultores para labrar los campos) y empiezan a aparecer encinas. Aquí se puede ver la huella de la dureza del invierno en los campos toledanos. Disfruto con la mañana y el paseo por estos campos y veo de lejos El Toboso, de donde era la amada de Don Quijote y por la cual hizo y deshizo entuertos. El Toboso es realmente bonito, con casas de piedra antiguas, pequeñas ermitas y plazas, mucha tranquilidad. Paro en una pequeña Ermita, leo unos capítulos, consulto mi documentación y me dirijo a visitar el Museo Cervantino y la Casa de Dulcinea, con muebles de la época. Veo que queda mucha distancia hasta mi punto de destino así que salgo sin entretenerme más, paro a comprar pan y una coca cola en un supermercado. A la salida del pueblo pregunto a un labriego que me indique algún camino hacia Pedro Muñoz. Éste sale del cementerio, el camino de la derecha, indicado y señalizado como ruta del Quijote hacia la Ermita de Manjavacas. Otros 18 Km. por viñedos y campos de trigo. El cielo empieza a cubrirse y sopla una agradable brisa para el pedaleo. Vuelvo a entrar en mis pensamientos, poco a poco me voy reencontrando conmigo mismo. a las 14.15 decido parar a comer y leer un rato en un paraje donde, mirara donde mirara, todo eran llanuras que se perdían en el horizonte. Descanso debajo de una encina y leo otros capítulos. Salgo pronto porque es tarde. El camino se cruza con la carretera y continúa hacia la Ermita de Manjavacas, pero esto supondría 5 ó 6 Km. más y decido seguir mi ruta, a la derecha hacia Pedro Muñoz. Me he metido sin querer en la provincia de Cuenca pero tras unos kilómetros vuelvo a Ciudad Real.

Por los campos del Toboso

16.00. Pedro Muñoz: Este pueblo es también bastante grande y pegado a la nacional así que decido no entrar y comer kilómetros para ir con tranquilidad. De este pueblo se sale por un enorme polígono industrial dirección Tomelloso. Sólo veo casas de urbanizaciones. Nada bonito.

17.30. Tomelloso: La cosa empieza a ponerse fea, 28 Km. hasta Tomelloso sin más escapatoria que una carretera nacional. Éste pueblo es uno de los grandes núcleos de Ciudad Real, la carretera esta “atestada” de trailers que me pasan a 100 Km/h, los 28 Km. son una recta interminable, me quemo con el sol y el asfalto y los mapas del ejército que me indican una pista de tierra a la derecha están mal, no existe tal pista (el día que tengamos una guerra la perdemos por los mapas seguro, pienso). Me duele todo el cuerpo de la tensión de sujetar el manillar para evitar que me succionen los camiones y el culo de mantener la posición por la “inmensa recta”. Tras no se cuantas paradas llego por fin a la Ermita de la Virgen de las Viñas, a la entrada a Tomelloso, una zona boscosa con mesas, servicios, agua… descanso un poco y tomo la decisión de no acabar la etapa en Tomelloso e intentar alcanzar Argamasilla de Alba que esta a 8 Km. más. Voy quemado, en todos los sentidos. Paso por Tomelloso, o mejor dicho por su polígono industrial de 4 Km. con intenso tráfico. A la salida sigo por la misma recta (que en total tendrá unos 37 Km.) pero ya con menos tráfico, pronto veo molinos y ya no se si son gigantes, hoy voy exhausto.

18.15. Argamasilla de Alba: Por fin llego al pueblo y lo primero que pienso es en buscar un sitio donde ducharme, descansar y dejar la bici. Me doy una vuelta por las distintas calles y encuentro por casualidad la Pensión Torres, cuyo dueño muy amable me mete la bici en su cochera y me atiende excepcionalmente. Dormir me va a costar 15 euros… pero los pagaría sólo por poder darme una ducha. Después de relajarme y descansar me doy un paseo por el pueblo y me sorprende la cantidad de rumanos que hay allí. Argamasilla es un pequeño pueblo limítrofe con Albacete, tiene mucha vida aunque no llega a haber demasiado bullicio. En este pueblo está la prisión donde dicen que Cervantes empezó a escribir su obra universal. Las casas son de una planta y pequeñas, tiene una zona peatonal en el centro y varias plazas con iglesias. Ya de noche voy a cenar al Bar Tara donde por 10 euros me tomo un par de cervezas, tortilla de jamón y gambas, bacalao con tomate, patatas bravas y un helado de chocolate. Me hubiera gustado cenar algo más típico pero entre semana en estos pueblos “no hay turismo”, esto es algo que al día siguiente comprobaría.



 
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