La Ruta del Quijote E-Mail
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La Ruta del Quijote
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Día 4. 92 Km. De las Lagunas de Ruidera a Daimiel.

10.30. Ruidera: Bajo por la carretera que va pegada a las Lagunas y hago algunas fotos con luz de la mañana. El terreno va descendiendo poco a poco y voy disfrutando del aire fresco, y de todas las lagunas, aunque este año ha habido sequía y no puedo ver los famosos saltos de agua, a esa hora todavía no hay autobuses turísticos. Llego a Ruidera y voy a la plaza del pueblo a por provisiones a un supermercado y desayuno en una cafetería de la plaza que me sale un poco cara. Tras advertirme el camarero del lío que supone la Ruta del Quijote con tantas ramificaciones le comento que no la sigo al pie de la letra, que me fío de mis mapas y no creo que me pierda… miento como un bellaco, en realidad no me fío de mis mapas y el día anterior me perdí.

14.00. La Solana: Se sale de Ruidera dirección la Solana por la N-430, indica a 41 Km, y esto empieza a subir. Las primeras rampas me sirven para calentar, las segundas para empezar a cansarme. El terreno va picando hacia arriba, menos mal que no hay coches por esa carretera. A cada poco me puedo escaquear de la carretera por un camino asfaltado de la derecha pero casi todo el rato tengo que chupar asfalto de nacional. Cuando pasa un buen rato el terreno empieza a llanear pero no del todo, paro en un pazo verde de trigo y como un bizcocho de chocolate que he mercado en Ruidera, leo un par de capítulos y sigo. Ya se está haciendo pesada la carretera pero el entorno es magnífico, rodeado de encinas, con campos de trigo entre medias. A la 13.00 llego a Alhambra, un pequeño pueblo en lo alto de una colina con unas impresionantes ruinas de un castillo a su entrada. Para visitar el pueblo hay que superar un buen desnivel así que decido seguir hacia la Solana. El calor ya va pegando (La Solana no se llama así porque sí) y la carretera sigue sin tener escapatoria, pero no hay mucho tráfico así que decido ponerme a cantar mientras pedaleo para entretenerme (y quizá así vengan las nubes y se esconda el sol). a las 14.00 llego por fin a La Solana. Doy un paseo por el pueblo que esta en lo alto de una colina buscando una panadería, pero a las 14.00 ya está todo cerrado, así que resignado me bajo a un bar de la carretera (Bar el Quijote, muy original el nombre) y decido tomar algo isotónico: 3 tubos de cerveza con sus respectivas tapas (cosa que me sorprende). Al ir medio deshidratado mi cuerpo absorbe hasta el ultimo miligramo de alcohol… salgo de pueblo, ya no estoy cansado, no me duele nada, es más, voy muy contento, sigo cantando. Al poco veo un camino rural dirección a Manzanares.

15.30. Manzanares: El camino está un poco estropeado por los tractores pero después de tanta carretera se agradece la tranquilidad de los caminos de tierra entre los campos de cultivo verdes. La cerveza me ha “hidratado” o algo así, porque pedaleo mas suelto y mis pensamientos son cada vez más profundos. Al fondo se ve el pueblo de Membrilla y cerca Manzanares. Prosigo ya más despacio, hay algo dentro de mi que no quiere acabar la ruta. Llego a Manzanares, compro pan en el Aldi, y voy al parque municipal a comer. El parque es un preciosidad y como en unas mesas a la sombra. Al acabar me da por echar unas galletas rancias a unos pavos reales que había por allí… se lía la de san Benito… los pavos peleándose, patos embravecidos, palomas y torcaces sobrevuelan la zona, hasta los gorriones quieren participar en el banquete. Cuando se calma el asunto cojo mis mapas y me doy cuenta de que Daimiel queda cerca, mi intención era ir hasta Ciudad Real por Almagro pero esta zona cercana a la capital tiene más tráfico y no quiero mas carreteras así que decido poner rumbo norte hacia Daimiel.

Manzanares

18.30. Daimiel: Se sale desde Manzanares hacia Ciudad Real por la N-430. Manzanares esta pegada a la N-IV y tiene mucha vida industrial y comercial así que hay que atravesar un polígono comercial y dejar la N-IV a un lado. En seguida aparece Daimiel en las señales. Iba temiendo otra vez la N-430 pero descubro con alegría que esta nacional la ha sustituido la Autovía de Extremadura (Autovía del Vino) y la antigua carretera ha quedado intacta como carril de servicio sin tráfico. Otra increíble recta, totalmente llana me lleva a Daimiel. Pero ahora me encuentro un poco más melancólico porque se, que una parte dentro de mí, no quiere terminar nunca de pedalear y descubrir sitios y experiencias nuevas, me resisto a volver a la realidad del día a día, a los sinsabores que a veces nos golpean sin saber cómo. Sin embargo, este camino me sirve para ilusionarme y volver a imaginar caminos nuevos que descubrir, ahí esta la Vía de la Plata, la Ruta del Cid, el Camino del Norte,… quizá me esté acostumbrando a este estilo de vida.



 
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